¡¡¡RECUÉRDAME PAMPLONA, CIUDAD FORTIFICADA DE MIS RECUERDOS!!!!

La mayor gloria de Pompeyo, fue fundar la ciudad de Pompaelo en el año 75 a.C. Pero Iruña (1) ya existía… y yo quiero creer que la autenticidad que en ella he encontrado, es la esencia de los vascones que la habitaban antes de la llegada de los romanos.

LLegar a Pamplona en coche y encontrar la facilidad de un parking por 10 euros diarios, no tiene precio, porque el precio es más que asequible.

Como cuando en París subes del metro y te sorprende el Arco del Triunfo con su llama siempre encendida… salir del parking de la estación de autobuses de la capital navarra y tener a tus espaldas una impresionante ciudadela… es cuanto menos un “milagro visual” que se convierte en un placer de los sentidos.

“Estoy donde quiero estar, quedarme y no partir sin descubrir más de este destino, que en mi caso el trabajo, me ha brindado”

Al elegir en un buscador un alojamiento por precio, no te esperas el trato 5 estrellas de Mikel, del Hostal Navarra. Tras 4 años asistiendo al mismo congreso, en las mismas fechas de febrero, sin tiempo de más que trabajar, llegaba ansiosa por dedicarle esa tarde previa a visitar Pamplona. En un plano me hizo la ruta que, a posteriori, puedo calificar como perfecta por esta “intensa” y “vibrante” ciudad. Me subió la maleta a la habitación, que a simple vista me pareció luminosa, limpia, amplia… y tras cerrar la puerta, comprobé que llena de detalles: zapatillas, mini bar, una chocolatina de bienvenida… Incluso hervidor de agua para preparar un té o café soluble… Cepillo de dientes, gel, champú, jabón, peine como amenities que siempre pueden aliviar algún olvido. Y los folletos actualizados con recomendaciones para visitar Pamplona. Por supuesto no falta un desayuno continental por 7 euros, aunque él mismo me indicó que, en el bar de abajo, de un amigo, se podía tomar un café con bollería por 3…

Hostal Navarra

Y a las 17:00, tras un tentempié de un delicioso sandwich de roastbeaf, en la plana octava del Corte Inglés (a 20 metros del hostal) con impresionantes vistas… (también recomendación de Mikel), comienza mi aventura al internarme en el ciudadela, recorrer sus murallas… ¡paso a paso conquistando el camino hacia una experiencia de turismo activo emocional! Un oasis ajeno a la otra Pamplona, paralelo a la modernidad de aquella.

Ciudadela

Experiencia humana, cada pamplonés al que le pedía orientación cuando mi ruta se desdibujaba, me dedicaba el tiempo necesario para constatar que había entendido perfectamente sus instrucciones, con una amabilidad tal… que sentía me daban la bienvenida a su ciudad.

Experiencia “callejeando” por estrechas arterias de un casco antiguo vivo, por San Glorio, San Nicolás, entre tascas que ofrecían sus deliciosos pinchos, cuyo ambiente invitaba a confraternizar con sus gentes… Para desembocar en la Plaza del Castillo, donde al entrar en el Café Iruña, no pude más que evocar el Café Gijón de Madrid; la sensación de compartir con Heminway su pasión por España, por Pamplona y sus tradiciones.

Experiencia histórica, al alcanzar la cima de su catedral, entre el río de gente de Chapitela y Curia, donde un flash en mi mente me recordó  mi añorado paso por Padua, y los ángeles de su fachada me hicieron extrañar a mi ángel, el Ángel de LLimona que siempre me recibe al visitar Comillas.

Angeles Catedral

Experiencia “esencia” al internarme en lo que pudiera ser la Vieja Alemania, cualquier pueblecito de Francia, o incluso los intramuros del castillo de Olite: pequeña callejuela que atesora con orgullo y esplendor la sorpresa final: El Rincón del Caballo Blanco.

Mirador del Caballo Blanco

Y al asomarme a su mirador, y ver una de las entradas por la muralla de Pamplona, rememoré Ávila…

¡¡¡¡Cuántos fugaces instantes de momentos felices de mi vida ha conseguido despertar Pamplona!!!!

Experiencia “evasión”. ¿A izquierda o a derecha?. Perdida ya en el mapa y del recorrido recomendado por Mikel, me sentí extrañamente atraída por aquel paraje insólito, deshabitado, semi inhóspito, como traido de otro momento histórico… como el escenario de una película de intriga…que resulta ser la parte trasera de la catedral y Museo Diocesano, la Ronda del Obispo Barbazán. El corazón me palpitaba en una extraña mezla de inquietud y paz en paralelo, que iba jugando con mis emociones, mientras intentaba pensar en lo que hay o no hay, hubo o no habría, tras aquellos ventanales rotos… Tras aquellos muros que parecen sudar ecos de otros tiempos…

Paseo Obispo Barbazán

Y percibo un vacío en mi esencia al llegar al final del recorrido y volver a la actualidad, habiendo querido huir en un instante… habiendo querido regresar atrás, como cuando acabas  un buen libro en el que te has implicado demasiado y te arrepientes de haberlo leído tan rápido. Que al haberte acompañado, que al haberlo vivido por momentos, te obliga a pasar página de un capítulo de tu existencia, al leer la última página.

¡Por la Merced (2)… del sentido de la vista por el que han entrado aquellos parajes ensoñadores para crear un mundo de sensaciones! ¡Por la Compañía (2)… ahora de los pamploneses inmersos en su rutina, antes de nadie o de tantos fantasmas de su historia!.. para acabar de nuevo en la Plaza del Castillo, no sin antes testar la adrenalina de la Estafeta que a otra hora los toros invadirían o invadirán, en ese recorrido angosto del que no imagino escapatoria.

Experiencia del gusto… por el vino tinto de Navarra, por el Idiazábal, el buen jamón… y todo ello en La Mandarra de la Ramos en la calle San Nicolás. Broche de oro para aquel sentido que aún no había despertado en mi cuerpo, que al hacerlo culminó el placer de mi alma.

Al dia siguiente… Trabajo… Congreso… pero con el aliciente de llegar a la noche y despedirme… ¡NO!.. decir un ¡hasta pronto! a los sabores de la vida que Pamplona había conseguidor inhalar en mí la tarde anterior a esa jornada. Me explicaron que los jueves era dia de “juevintxu”, pincho y bebida por 2,50 euros. Dispuesta a “ponerme las botas”, recorrí ansionsa mi punto de referencia, el Paseo de Sarrasate, y dejándome guiar por los halos mágicos que sin duda me acompañaban esos días, me transporté desde la Plaza del Castillo por callejuelas en las que estudiantes universitarios invadían calles y bares… Mirando uno a uno cada local, sintiéndome “carroza” incapaz de invadir el espacio juvenil… encontré por algo que yo no me atrevería llamar azar, el café – bar Gaucho, con ambiente más “maduro”, y cuya mayor bendición son sus “pinchos de autor”… ¡IM-PRE-SIO-NAN-TES!

Pincho de autor

Pena, penita, pena, dejar atrás Pamplona.

¡¡¡Agur, ciudad de mágicos secretos, con los que yo escribí un párrafo de mi historia!!!

(1) Iruña significa ciudad

(2) (3) Nombres de calles de Pamplona, La Merced y la Compañía

 

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